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Educadoras itinerantes acortan distancias en favor de la niñez

Las educadoras itinerantes de los Espacios de Desarrollo Infantil se trasladan hasta las casas para ayudar en la estimulación temprana de niñas y niños menores de 5 años, y así mejorar sus posibilidades de desarrollo integral.

 

Mochila al hombro, chaleco identificatorio y sonrisa en el rostro. Las profes Ale, Andrea y Viviana caminan por la calle empedrada bajo el sol del verano paraguayo. Es día de visita domiciliaria y ellas, en su rol de educadoras itinerantes del Espacio de Desarrollo Infantil (EDI) Nº 5, de Lambaré, se van acercando a la casa donde Alana vive con sus padres y su abuela, en el barrio San José Obrero, de Lambaré. 

La niña de tres años sabe que es día de “visita” de la profe Ale, por eso ya la está esperando en el portón y, cuando la ve llegar, en compañía de otras dos educadoras, sale corriendo a recibirla. Para la pequeña, ese encuentro significa compartir actividades divertidas con su mamá, su papá o su abuela, con el acompañamiento de la profe, que da las indicaciones, ayuda con los materiales, observa atentamente e interviene cuando es necesario para dar sugerencias.

Estas visitas forman parte de la modalidad de atención domiciliaria que se implementa desde los EDI. La labor implica que las educadoras se trasladen hasta zonas de la comunidad que están alejadas, para brindar apoyo a familias que no pueden llegar a los centros de desarrollo infantil.

Vínculo con la familia

“Con la modalidad itinerante estamos llegando actualmente a cuatro comunidades”, explica Diana Bernal, coordinadora local del EDI Nº 5, de Lambaré. Las educadoras itinerantes trabajan principalmente con la familia en el fortalecimiento de las habilidades parentales, enseñándoles prácticas de crianza adecuadas. “Ponemos énfasis en la importancia de fortalecer el vínculo entre el cuidador y el niño, porque sabemos que eso tiene un impacto positivo en el desarrollo”, destaca.

Desde este programa se realiza un acompañamiento pormenorizado de las familias, con quienes se trabaja en talleres sobre crianza positiva y alimentación saludable. “Está comprobado que todo lo que hacemos en los primeros mil días va a acompañar durante toda su vida al niño y a la niña”, asegura Diana. 

En una primera etapa del trabajo, se realiza un mapeo previo de los territorios y luego se llega a los lugares a través referentes comunitarios, que generalmente son presidentes o presidentas de las comisiones vecinales, o enfermeras del centro de salud.

Cada educador o educadora trabaja con treinta niños y niñas. “Para determinar quiénes van a formar parte del programa, damos prioridad a las madres en situación de vulneración, madres solteras y madres adolescentes”, explica Andrea Ruiz Díaz, una de las educadoras itinerantes. 

Antes de empezar, se explica a los miembros de la familia cómo va a ser el trabajo y se conversa con ellos para conocer más sobre su  dinámica familiar, de cómo llevan la crianza de los hijos, de los gustos e intereses del niño o la niña. Se evalúa también el grado de desarrollo de niñas y niños en distintas áreas, como lenguaje, psicomotricidad o en el aspecto psicosocial, para determinar lo que se necesita reforzar. “Creamos primero un vínculo con la familia y en base a eso realizamos todo el planeamiento del trabajo, porque cada hogar tiene sus tiempos, sus particularidades, y nosotros nos adaptamos a eso. Respetamos a la familia, por sobre todo”, comenta Viviana Cano, quien también forma parte del equipo de educadoras itinerantes.

Los alumnos son los padres

 

En las casas que visitan, las educadoras realizan actividades de estimulación temprana, implementando juegos para potenciar habilidades. Pero no trabajan directamente con los niños y niñas, sino con sus padres, madres o cuidadores, enseñándoles prácticas de crianza adecuadas y fortaleciendo vínculos.

Es por eso que, durante la visita, quienes realizan las actividades con los niños son los padres o cuidadores, mientras las educadoras los acompañan y guían, con la ayuda de algunos materiales que llevan en sus mochilas: juegos, libros de cuentos, materiales didácticos y recursos para trabajar emociones y habilidades motrices.

Pero también se busca aprovechar los materiales que cada familia tiene en la casa. De hecho, ese es uno de los mensajes que tratan de inculcar: que en cada hogar se puede reciclar y utilizar lo que se tiene a mano para jugar con los niños y niñas, y a partir de ahí generar distintos tipos de aprendizajes.  

“Podemos utilizar un pedazo de cartón, una cuchara, una olla, un plato de plástico, una taza. Cada niño y niña puede crear su propio juego en compañía de su cuidador o cuidadora. El plan que nosotras llevamos es bastante flexible, según el interés y la necesidad de cada uno”, explica Alejandra Amarilla, otra de las educadoras itinerantes del EDI N.º 5.

Para las madres, padres y cuidadores, es todo un proceso de aprendizaje. “A nosotros nos sirve bastante -la visita de la educadora- porque a través de eso aprendemos cómo manejarle a Alana”, manifiesta Nilda Almada, madre de la niña. “Yo estoy muy feliz con el proceso que tuvimos con la profe. Aprendimos muchas cosas y a nuestra hija le ayuda a desarrollarse mejor, aprende más rápido”, asegura Edgar Rodríguez, papá de Alana. 

Nexo con la comunidad

Otra función importante del educador itinerante es ser el nexo entre las familias y la oferta pública de servicios para primera infancia que están disponibles en el distrito. 

Por ejemplo, en el caso de Ángelo, un niño de 2 años con dificultades motrices y del habla, se realizó una articulación con los servicios de salud y con la fundación Teletón. “Yo recibí muchísima ayuda de ellos (del EDI). Gracias a eso mi hijo logró muchas cosas. Él no movía sus brazos, no podía agarrar las cosas. Le ayuda mucho la estimulación que recibe durante las visitas de la profe. Con la ayuda de ellos ingresó también a la fundación Teletón y progresó mucho. Ahora logra muchísimas cosas, dice muchas palabras y ya se sienta”, comenta entusiasmada Elvira Benítez, mamá de Ángelo. 

La satisfacción de aportar

Las educadoras itinerantes del EDI N.º 5 sienten mucha satisfacción con el trabajo que realizan, y eso se nota. 

“A mí me motiva mucho el saber que puedo sumar desde mis aprendizajes un montón de cosas en la vida de cada familia”, asegura Ale.

Para Andrea “es gratificante poder recibir un comentario de agradecimiento de una mami, porque vos le diste una herramienta, le agarraste la mano y ella ya caminó sola. Una de las cosas que más nos satisfacen como equipo es poder articular a las familias con las instituciones existentes y saber que, gracias a eso, hoy en día sus hijos tienen las mismas oportunidades que otros niños”. 

Viviana no puede evitar emocionarse. Con la voz entrecortada, explica que a ella y a sus compañeras les genera mucha satisfacción ver los avances que tienen los niños y niñas, así como recibir el amor y la gratitud de parte de las familias. 

“Que nosotros podamos dar nuestro granito de arena para el desarrollo y el crecimiento de los niños es muy gratificante, porque sabemos que, si en los primeros mil días uno les da a los niños todo lo que necesitan, creamos seres humanos increíbles”, resalta. 

La educadora puntualiza que lo que ellas llevan a la comunidad no es nada tangible. “Es la posibilidad de que ese niño o niña se desarrolle como tiene que ser y tenga más oportunidades. Eso es sumamente importante para el crecimiento del niño y de la familia. Saber que nosotros contribuimos con eso y ver a esos niños crecer, es demasiado importante”.

Desde su inauguración, en el año 2022, el servicio de atención domiciliaria ha atendido a más de 4.300 niñas y niños en distintos puntos del país. 

Esta iniciativa se concreta en el marco del proyecto “Atención integral a niños y niñas de 0 a 3 años con enfoque comunitario en capital y 10 departamentos”, implementado por el Ministerio de la Niñez y Adolescencia (MINNA), con financiamiento del Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación (FEEI).